9. La escuela pública era gratuita solo para quien no pudiera costeársela. Si igualmente el colegio se sufraga con las arcas del ayuntamiento y de sus contribuyentes, es en cierto modo lógico que la población prefiera invertir en algo que dé mejores resultados. Ahora bien, esta loable iniciativa popular no está exenta de riesgos, como se deduce del documento anteriormente citado, y es que algunos se desapuntan de abonar la cuota o como en otra ocasión indica: “los bienhechores o se cansan o no pueden costearlo por más buena voluntad que tengan”. Por eso, María Rosa lucha por conseguir una plaza pública, tal como se reconstruye de una correspondencia de datación dudosa pero contextualizada en la fundación de Mora de Ebro. – Pues bien, seis meses después de la apertura del centro y debido a las buenas calificaciones, se proyecta ampliar el radio de acción y abrir un internado. En este contexto A. Sinués indica que la buena fama atrae a “personas ilustres” de la comarca, quienes deciden enviar a sus hijas. Este dato, junto al hecho de que el centro en el Reglamento de Mora se autocalifique de “colegio de señoritas” y que, además, se establezcan en dicho documento las tasas mensuales cifradas en 80 reales de vellón para las medio-pensionistas y 130 para las internas puede producir un cierto desconcierto en contraste con otras obras. Aunque en el siguiente apartado ahondaré más, ofrezco en este momento algunas pistas. – La primera es que tal como se deduce de la relación del prior de Mora, la diferencia entre las clases sociales que frecuentaban el colegio estriba no en la educación, a la cual todas accedían, sino en el hecho de poder pagarse la media- pensión o el internado. – Constituido en protector el ilustrísimo Prelado, hizo cuantiosos sacrificios en favor del mismo. “Más de dieciséis mil reales me cuestan las Hermanas de Mora de Ebro”, me dijo en una ocasión. Otras personas hicieron asimismo buenas limosnas. Y el Colegio y la enseñanza de Mora de Ebro, dirigidos por las hermanas llaman la atención de todos los pueblos de la comarca, que envidian la dicha de Mora de Ebro, y con razón. Las familias distinguidas de esta y pueblos limítrofes enviaban a sus hijas al colegio a pensión entera o media, según sus facultades; y los que no podían tanto se contentaban con hacerlo a su escuela. De Mora la Nueva pasaban diariamente una porción de niñas y jóvenes, que comían en a misma escuela, regresando por las noches a sus casas.