7. Por este motivo, no se podía vender la heredad de los padres, como se muestra en el episodio de Nabot (1 Re,21). Es más, al entrar en la tierra prometida se distribuyen la tierra equitativamente como expresión de la fraternidad. Acaparar la tierra del otro es hacerle un no residente, un extranjero privado de la bendición de Abrahán y, por tanto, un no hermano. Pero, además, la tierra en una población agraria era el medio de producción. En consecuencia, expropiar la tierra es quitarles las posibilidades y las condiciones de trabajar. Los que habitan así se erigen como los únicos residentes con derecho a vivir en el país, mientras la pobre gente malvive.