8. El prototipo de lo contrario a cuanto estamos diciendo es el manso, cuya fisonomía queda bien definida en Gén 13. Abrahán deja a Lot que elija. Y este escoge la tierra mejor y se queda con la parcela más fecunda. El manso, en cambio, en aras de la no violencia se deja desposeer de la tierra y se queda con la peor parte. No casualmente en la bienaventuranza les promete que “poseerán la tierra” (Mt 5,6). Porque son el emblema de Aquel rey manso y humilde de corazón capaz de poseer sin violentar (Mt 11,25-28). Y, por tanto, del pastor no asalariado que llevará adelante el desarrollo vocacional de aquellos quienes se les ha confiado desde el servicio y entrega de la vida y no desde la fuerza (Jn 10).