7. Por eso he querido empezar a construir la reflexión desde aquí y no desde otro aspecto importante de la consolación que es también el transformar, ya que nuestra tendencia es pensar que contribuimos más al cambio con nuestras acciones que con nuestra presencia. Es más, a veces hacer es una forma de huida de lo que verdaderamente consuela y nos pone en la intemperie que es la relación. O también, puede ser una evasión de un compromiso radical como es irse a vivir con. Posiblemente Dios desde su cielo podía habernos salvado de otra manera, podía haber desplegado su fuerza y erradicado el dolor. Sin embargo, desde el momento que vino para estar con nosotros, que se hizo Dios Enmanuel, no caben más digresiones ni posibilidades de entender la consolación, ni que la dimensión social congénita al carisma vaya por otros derroteros.