4. La junta municipal de Burriana muestra su especial deseo que las religiosas tengan una presencia en esta población hasta el punto de nombrar una comisión con la encomienda de personarse para hablar directamente con el obispo de Tortosa. En la sesión del 8 de noviembre de 1866, donde se decide esta cuestión, también se recogen los motivos para requerirles que se sintetiza en dos. El primero, la desatención del hospital: “la gran necesidad que se observa en el Hospital de esta Villa de mejorar en cuanto sea posible la asistencia y cuidado de los pobres enfermos que en el mismo se albergan”. Y segundo, su buen hacer: “nadie mejor puede hacerlo que las Hermanas de la Consolación, puesto que nadie debe ignorar la asistencia expresada y cuidado exquisito que por dicha Congregación se presta a los enfermos en todo establecimiento de caridad puesto a su cargo”. – El acta de la junta municipal de Villarreal presenta una prolija deliberación sobre el decadente cuidado que tan solo una persona encargada del hospital puede prestar a los enfermos y la conveniencia de solicitar su gestión a las hermanas de la Consolación. Prácticamente las razones para solicitar su presencia se reducen a tres: el estado del hospital, el número creciente del vecindario y la fama positiva de las hermanas, además del hecho de que conviene confiar este tipo de obras a “personas prácticas en la materia” y “dotadas de virtud necesaria”. – Respecto a la fundación del colegio y hospital de Vinaroz carecemos del acta de la junta donde se delibera cursar la petición para llamar a las hermanas. Tan solo se ha conservado una solicitud dirigida a María Rosa y en esta no se esgrime ningún tipo de razón o motivación que explique por qué se requiere su presencia. Llama la atención que, aunque mucho más parca que la petición de Villarreal trasladada al obispo, tanto esta como la otra concuerdan con el modus operandi de la fundadora de la Congregación. Puede ser casualidad o también que de uno a otro ayuntamiento se hayan pasado la voz de cómo proceder.