30/6/26

4. En la mentalidad bíblica, en cambio, la meta no sería llegar al principio, sino abrirse y entrar en un lugar completamente desconocido, pero para no volver nunca al estadio inicial, se rata de un paso sin marcha atrás. El paradigma en este caso no sería Ulises sino Abrahán. Y la comprensión de la vida no sería ya la de un círculo sino la de una línea. Esto es. El paradigma no es “volver” sino “salir”. El ser humano se hace cuando se expone. Como bellamente dice el profesor Jean Louis Ska: Abrahán es el hombre del salto en el vacío, de la partida sin retorno y de un acto de fe que le proyecta hacia un lugar desconocido y enteramente por descubrir. Esta experiencia fundamental le hace salir de un ciclo del eterno retorno del que habla la historia de las religiones y libera al alma humana de la tendencia natural a buscar el camino de la salvación únicamente en el mundo conocido de su pasado… Abrahán es el testigo de una fe que crea su presente y abre caminos desconocidos hacia el futuro. Es el que hace de la experiencia religiosa una aventura y un descubrimiento. La religión de Abrahán no tiene como finalidad proporcionar medios infalibles de asegurarse la propia salvación; para Abrahán. La salvación está más allá, mucho antes, en el viaje una tierra cuyo nombre solo Dios conoce.

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