3. Por este motivo, es completamente lógico que nos asalten un sinfín de preguntas difíciles de contestar: ¿cuándo optar por lo privado y cuándo por lo público? ¿A lo privado se debería ir cuando no hay posibilidad de transitar en lo público? ¿Los destinatarios del carisma de consolar deben pertenecer a una determinada clase social? ¿Cuándo y en qué circunstancias no son los pobres los protagonistas de la acción consoladora sino la clase media? ¿Sólo en el ámbito de la educación? ¿Por qué proteger la educación mediante la apertura de obras privadas? ¿Acaso no es una forma de blindarse para no vivir a la intemperie? Si hacerlo bien atrae a las clases más pudientes ¿qué hacemos? ¿El hábitat de las Hermanas de la Consolación está en las periferias existenciales a secas? ¿Lo público coincide con lo social?