18/6/26

3. La encarnación de Jesús no solo rompió los espacios sagrados. Es decir, a partir de ahora Dios está en su cielo, vive entre nosotros. La encarnación expresa esa solidaridad profunda de dios con nosotros hasta el punto de hacerse pecado. Algo que se aprecia muy bien en las comidas con los pecadores, pues en la mentalidad hebrea comer no era un acto social. Cuando tu ingieres un alimento se convierte en parte de ti y tú te conviertes en él. Pero, además, comer es admitir que tú no tienes la vida en ti mismo y, por esto, tienes que buscarla fuera. Por tanto, comer con otros indicaba que se compartía el mismo principio de vida. Esto es, que se tenía la vida en la misma fuente. O lo que es lo mismo, la comunión. Por eso, Jesús comiendo con los pecadores se hace pecador. No es solo venir y acercarse, sino ser uno de nosotros, profundamente solidario. Se trata de la plena identificación hasta el punto de correr la misma suerte.