2. El resultado del colegio de Tortosa, al final, será el mismo, pero el proceso fue mucho más largo, tedioso e instigador. Ya comentamos que antes de la Septembrina (1868) se registran dos percances. El primero, en 1854, un conato fallido de sustituir a las cuatro religiosas por una maestra titulada. Una segunda intentona, ésta sí conseguida, fue el traslado de las aulas a otro local (1863). A partir de 1869 comienza un pulso que María Rosa afronta con coraje y supera bastante airosa los envites: primero se le suprime el presupuesto; luego se la obliga a residir en la escuela e impartir clases, de otro modo se le rescinde el derecho de ostentar esta plaza. Cuando ya consiguen que se establezca en el colegio, vuelven a la carga pidiéndole un inventario detallado de la escuela que se somete a inspección. Por último, como ya había sucedido en 1863, nuevamente se les quitan los locales para cederse a terceros y a ellas las trasladan a otros con falta de condiciones. Ante la queja la junta solicita una inspección.