11/8/26

EL SUAVE EJERCICIO DE DISFRUTAR Y COMPARTIR LA PALABRA... HASTA QUE NOS TRANSFORME (Ezequiel 2, 8 – 3, 4) Esto dice el Señor: «Ahora, hijo de hombre, escucha lo que te digo: ¡No seas rebelde, como este pueblo rebelde! Abre la boca y come lo que te doy». Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un documento enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito en el anverso y en el reverso; tenía escritas elegías, lamentos y ayes. Entonces me dijo: «Hijo de hombre, come lo que tienes ahí; cómete este volumen y vete a hablar a la casa de Israel». Abrí la boca y me dio a comer el volumen, diciéndome: «Hijo de hombre, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy». Lo comí y me supo en la boca dulce como la miel. Me dijo: «Hijo de hombre, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras».