16/8/26

3. La pureza del alma que transforma - La imagen de María que en el pasaje del Apocalipsis de hoy presenta a María, al final de su vida terrenal como “una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies” que, en pinturas y retablos, comenta el Pontífice, aparece como una "joven maravillosa", contrasta con nuestra experiencia del paso de los años, envejecidos, pesados, el cabello sin brillo, gris y luego blanco. La respuesta – aseguró el Papa - está en dos signos, el "cuerpo incorrupto de la Madre de Dios y su corazón inmaculado." Es la pureza del alma, en efecto, que en María ―como en nosotros― por gracia de Dios ilumina y transfigura a toda la persona, llevándola a la gloria del Cielo. La glorificación de María en alma y cuerpo nos enseña que nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa, sino en mostrar también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin.