8. Otro gran personaje de nuestro siglo, me refiero al padre Arrupe, describe muy bien qué significa enamorarse y hasta qué punto determina las acciones más cotidianas. El amor de Dios es tan decisivo que afecta hasta los mínimos recovecos de la existencia y empuja a que sean vividos de una manera y no de otra: “Es lo que atrapa la imaginación, lo que decide qué es lo que te saca de la cama, en qué empleamos nuestros atardeceres y qué hacemos los fines de semana, lo que leemos, conocemos, lo que rompe nuestro corazón o nos sobrecoge de alegría”.