6. Se trata de un caso extraño y paradójico. De hecho, la ley solo puede regular el comportamiento externo, no el interno. Nadie puede decirte que no desees que te toque la lotería. Haciendo así, el decálogo indica que no es suficiente el formalismo exterior para vivir desde Dios, sino que el corazón debe estar tocado por la fraternidad. Es decir, nuestro deseo no puede convertirse en lo normativo, en la regla del vivir y en la pauta de nuestro comportamiento, sino que lo normativo es el rostro del otro y su derecho a vivir. El rostro de mi hermano es el horizonte y debe poner en cuestión mi forma de poseer, de vivir y pasar por esta tierra, del uso que hago de los bienes, etc.