4. ¿Debía desmayar nuestra sierva ante un conjunto tan desagradable? ¡Ah, no, jamás! Su confianza no la podía tener más que en Dios, que le bastaba, y apoyada en la fuerza de la obediencia que la envió, fue suficiente para abordar toda dificultad, a la que cooperaron con entusiasmo sus cariñosas hermanas. Con su escrutadora mirada entendió la comprometida posición que la rodeaba, y con su talento de gobierno, de que el cielo la dotó, su habitual acierto y destreza, como inteligente y diestro general, distribuyó sus reducidas fuerzas con mucho acierto por los varios destinos, reservándose para sí lo más difícil y comprometido, y alcanzó un inmediato y completo triunfo… pocas semanas fueron suficientes para transformar higiénicamente esta miserable mansión, afanada con las Hermanas se la veía frecuentemente metida en una balsa de agua, corrida por los pisos para conseguir así una desinfección radical… sacudía el polvo de las paredes, fregaba las puertas, enderezaba trastos, organizó los trabajos de tal manera, que en breve no pareció aquel lugar de repugnante inmundicia de antes. Sebastián León)