1. B) Analogía de los rostros – En el famoso diálogo con Jesús con la samaritana desde nuestra percepción se van dando saltos temáticos, pues se pasa de hablar del agua, a vete a buscar a tu esposo, para terminar dialogando sobre dónde hay que adorar (cf. Jn 4). Sin embargo, estos tres elementos están profundamente unidos en la teología bíblica. El esposo es el que da el agua, es la fuente de la vida. Y en la tradición profética la idolatría se equipara a la infidelidad matrimonial (cf. Os 2,4-25). En el fondo, Jesús le dice que el culto, donde hay que adorar a Dios, no está circunscrito a un lugar. Esto es, que se acabó la discusión de si será en Jerusalén o en el monte de Samaría. A partir de ahora será “en espíritu y en verdad”.