4. En consecuencia, nos parece acertada la condición ala que llegan los estudios estadísticos que cifran el acceso real a la enseñanza pública a las clases medias, ya que los niños de las clases empobrecidas tenían que trabajar. En el caso de las niñas posiblemente intervino no solo el factor económico sino también el cultural. Esto es, el concepto que tuvieron sus progenitores de la mujer y de su misión en la sociedad. Y es, precisamente en este sentido donde la lucha por la educación de la mujer en el siglo XIX fue fronteriza. – No obstante, contamos con una carta remitida a don Pedro Joaquín Soler en la que se indica que las hermanas están siendo requeridas en varios puntos de la provincia “para la instrucción de las clases pobres”. Para ello María Rosa realiza diferentes gestiones. Entre ellas acogerse a una Real Orden publicada el 23 de mayo de 1852 por el ministerio de Gracia y Justicia que fallaba en favor de las Hijas de la Caridad para que las hermanas pudieran impartir clases, aunque carecieran del título de maestras. También en un acta de la junta de Tortosa de 1854 se aborda de refilón esta cuestión. Así pues, en el proyecto de sustituir a las cuatro hermanas por una maestra titulada se indica que esta escuela es “para enseñanza de las niñas pobres”. Algo que contrasta con la ulterior información ofrecida por Atanasio Sinués sobre el internado abierto en Tortosa en 1871 tras el paso de la escuela pública a la privada que “cobijó durante aquellos años un buen número de alumnas de la s mejores familias de Tortosa. Afirmación similar que se sostiene también para el internado de Mora de Ebro.