19/6/26

2. A – Razones y motivos aducidos por las juntas municipales Las siete primeras fundaciones se dan en un momento de relativa calma política o, al menos, de no anti-clericalismo explícito y sistemático, como el que a partir de 1868 se respirará. Este aspecto se percibe en las razones que se mencionan para acogerlas y que no tienen que ver solo con la necesidad de que alguien se encargue de gestionar los centros, sino que con su presencia y atención aporten un plus cualitativo a los albergados. De esto queda constancia tanto en las actas de las juntas municipales como en las cartas que se envían al obispo o vicario requiriendo hermanas para los establecimientos públicos. – Así pues, la junta del ayuntamiento de Castellón se reúne el 9 de diciembre de 1858 para deliberar sobre cómo “poder conseguir que el servicio y cuidado que se prodiga en la actualidad a los pobres y enfermos de este hospital, se ponga a cargo de las Hermanas de la Caridad, o sea monjas de la Consolación, en razón de las muy especiales que presta tan benéfico instituto”. Y la finalidad de la solicitud se describe en estos términos: “para prodigar el consuelo y cuidados que requiere la humanidad doliente y a la vez que se encarguen de la administración del Establecimiento con todo lo demás propio del Instituto”. En la misiva dirigida al Vicario capitular se completan todavía más datos acerca de las razones: Está aumentando el número de enfermos y el personal empleado no solo resulta insuficiente, sino que “es indispensable perfeccionar el cuidado que prestan aquellas personas asalariadas, acompañándolo de los consuelos religiosos que al paciente dispensan las Hermanas de la Caridad”. Y añade que, con un total de seis, “bastarán por ahora para mejorar notablemente el asilo de los desgraciados, digno de mayor consideración”.

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