13/6/26

2. Así pues, aprovechando que el gobernador de Tarragona le había pedido el estado de cuentas, interviene María Rosa Molas poniendo en conocimiento a las autoridades del agujero económico en el que estaba sumida la obra y el sin número de deudas sin pagar a sus acreedores. Pero ni por esas las ayudas sociales llegaban. Posiblemente porque la administración pública también estaba embargada. Las pocas partidas que recibían en la casa de misericordia no servían más que para disminuir mínimamente la gran deuda contraída que, lógicamente, aumentaba. Para paliar el hambre las religiosas recurren a la caridad de los benefactores y de las gentes del Jesús, así como al mismo obispo Villamitjana y al P. Sebastián León. Es más, a pesar de la gran ilusión que tenían por adquirir aquel terreno, utilizan los fondos que habían ahorrado para el noviciado y los emplean en calmar el hambre de los albergados. En esta situación extrema María Rosa dio pruebas de una caridad extrema. Así lo describe tanto sus biógrafos, Sebastián León y Juan Corominas, como el testimonio de Filomena Camboja una albergada de la Casa de Misericordia. – Y era tan amable que nunca me hubiera separado de su compañía, la que no hubiera cambiado por la mayor fortuna, y aun cuando hubiese de sufrir cualquiera privación. Cuantos la trataban tenían la misma afición, ricos y pobres, como que su afabilidad era siempre la misma para todos; y al ir por la casa salíanle al encuentro a exponerle sus necesidades y penas, que remediaba, y a veces adivinaba sin decírsela los albergados.