10/5/26

ESTA ORACIÓN ALCANZA SU CIMA Y SU CUMPLIMIENTO EN LA CRUZ, donde la invocación de Cristo es una cosa sola con el don total que él hace de sí mismo, y de ese modo su oración se convierte —por decirlo así— en el sello mismo de su entrega en plenitud por amor al Padre y a la humanidad: invocación y donación del Espíritu Santo se encuentran, se compenetran, se convierten en una única realidad. (Benedicto)