11/5/26

3. Por eso el Señor nos manda que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado (cf. Jn 13,34): es el amor de Jesús el que hace nacer el amor en nosotros. Cristo mismo es el criterio, la regla del amor verdadero; aquel que es fiel para siempre, puro e incondicional. Aquel que no conoce ni el “pero” ni el “quizá”, aquel que se entrega sin querer poseer, aquel que da vida sin pedir nada a cambio. Dado que Dios nos ama primero, también nosotros podemos amar; y cuando amamos verdaderamente a Dios, nos amamos verdaderamente unos a otros. Sucede como con la vida: sólo quien la ha recibido puede vivir, y así, sólo quien ha sido amado puede amar. Los mandamientos del Señor son, por tanto, una forma de vida que nos sana de los amores falsos; son un estilo espiritual, que es camino hacia la salvación.