3. En su mensaje, el Santo Padre quiso hacer llegar un saludo “lleno de afecto” al concluir la Octava de Pascua, recordando el núcleo de la fe cristiana: “¡Cristo ha resucitado!”. Pero sus palabras no se quedaron en una afirmación doctrinal, sino que subrayó con fuerza que la Resurrección no es un hecho del pasado, sino una realidad presente y transformadora.