9. La revolución silenciosa Así nos exhortó mi querido Predecesor - recordó - a caminar juntos cada uno en su propia vocación, ampliando los límites de nuestras comunidades, con la determinación de quien parte de su labor local para llegar al amor al prójimo, sea quien sea y dondequiera que esté. ¡Es la revolución silenciosa de la que ustedes son testigos!, exclamó. Y para despedirse invitó a agradecer a Dios “porque esta crisis no ha degenerado en una guerra religiosa, y porque seguimos intentando amarnos los unos a los otros”.