8. “«LA FUERZA CON LA QUE CRISTO RESUCITÓ ES TORALMENTE NO VIOLENTA»”- Es similar al de un grano de trigo que, tras pudrirse en la tierra, «crece, rompe los terrones, brota y se convierte en una espiga dorada». Y se asemeja aún más al de «un corazón humano que, herido por una ofensa, rechaza el instinto de venganza y, lleno de compasión, ora por quien lo ha ofendido». Esta es «la verdadera fuerza que trae paz a la humanidad», porque genera relaciones respetuosas en todos los niveles: entre individuos, familias, grupos sociales y naciones. No es una fuerza que «busca intereses particulares, sino el bien común», subraya el Papa León; «no pretende imponer su propio plan, sino ayudar a planificarlo e implementarlo junto con los demás». Sí, «la resurrección de Cristo es el comienzo de una nueva humanidad» y «nos sitúa aún con mayor fuerza ante el drama de nuestra libertad». En efecto, ante el sepulcro vacío, podemos llenarnos de «esperanza» y «asombro», como los discípulos, o de «miedo», como los guardias y fariseos, obligados a mentir antes que reconocer que aquel que había sido condenado ha resucitado verdaderamente.