6. “La fe en Jesucristo da sentido a la alegría humana; la purifica, la eleva y la lleva a plenitud”, afirmó, reconociendo que la alegría cristiana no es superficial, sino profundamente humana y plena cuando está iluminada por la fe. Sin embargo, el Santo Padre también advirtió que la Pascua no puede quedarse en un simple entusiasmo emocional: “La Pascua nos pide algo más grande que una emoción pasajera; nos invita a dejarnos alcanzar por la Resurrección, para que también nuestra vida comience a ser nueva”.