3. “Queridos hermanos, Dios jamás se cansa de perdonar. Él abre siempre una puerta nueva a quien reconoce los propios errores y desea cambiar. No permitan que el pasado les robe la esperanza en el futuro. Cada día puede ser un nuevo comienzo”. En realidad, estas han sido las palabras del Papa al final de su saludo a los prisioneros y trabajadores de la Prisión de Bata, en Guinea Ecuatorial y, en ellas, se resume todo lo que deseaba decir y todo lo que quizá cada recluso deseaba escuchar: el perdón y el cambio son posibles.