OH, BIENVENIDOS SEAS!, Paráclito eternal, que con tus dones nos nutres y recreas! Lluevan tus bendiciones sobre nuestros contritos corazones. Si alguna vez caemos, tú a levantarnos ven, y tú nos guía y alumbra si no vemos, y, si el pecho se enfría, ven y tu calor santo en él envía. Ven y nos fortalece, si alguna vez nuestro valor flaquea, y tu ley enderece el pié, si se ladea, si tímido se para o titubea. El fuego centellante, que sobre los apóstoles ardía, al pecho de diamante, al alma seca y fría, ablande y dé calor en este día. Y unidos y enlazados en tus lazos, Amor omnipotente, de pueblo apartados haz una sola gente, un corazón, un alma solamente. Amén. OFICIO DE LECTURAS