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5. Pero junto a la batalla librada en los claustros, se desarrolló puntualmente la pugna de la mujer cristiana por desarrollar su vocación en el ámbito apostólico. Así las beguinas, en el bajo Medievo, ya intentaron recuperar aquellos espacios de evangelización que desde el inicio del cristianismo les habían sido propios. Se lanzaron, de ese modo, a la aventura de vivir en ciudades y a desarrollar una intensa actividad apostólica de caridad e instrucción. Sin embargo, como dice la Carta a los Hebréos repasando a tantos personajes ilustres, "el mundo no era digno de ellas" (Heb 11,38) y sufrieron la hostilidad, la incomprensión, la difamación hasta que sucumbieron.