4. El claustro nunca fue un impedimento para irradiar verdad y transformar incluso desde sus rejas a la sociedad con una propuesta de vida insólita y valiente. Contamos con grandes exponentes como la polifacética Hildergarda de Bingen. O las místicas Juliana de Norwich, Matilde Hackeborn y Margarita d'Oyngr, quienes desarrollaron una particular y subversiva devoción a la maternidad de Jesús, probablemente -aunque no solo - como reivindicación y dignificación de la bondad de su naturaleza femenina. Mujeres cultas y adelantadas para su tiempo que hicieron de los conventos no solo espacios de libertad, de trabajo, de convivencia y de pensamiento, sino también lugares desde los que se irradió vida hacia fuera hasta el punto de llegar a afectar de manera decisiva la configuración social de las ciudades.