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3. No solo la importancia de su presencia en momentos trascendentales como la muerte , sepultura y resurrección o la atestación múltiple de los relatos pascuales de María Magdalena, lo que le valió la denominación de apóstol de los apóstoles, sino la misma terminología utilizada -"compañera", "las que han fatigado", "las que han ido de Galilea a Jerusalén", etc.-, equiparable e idéntica a la usada para describir la identidad y misión de los discípulos y apóstoles, son tan solo algunos indicios de la intensa actividad misionera que desplegaron las mujeres cristianas y la alta consideración que tuvieron en los primeros siglos del cristianismo. Sin embargo, a partir del siglo II la tendencia se revierte y entra en la oscura selva de los siglos IV en adelante en las que las vemos confinadas en conventos.