10. Por eso, aunque de facto emiten votos privados, de iure no son religiosas. Consciente de por el momento no cabía otra posibilidad, el mismo san Vicente les advierte: - Vosotras no sois religiosas de nombre, pero tenéis que serlo en realidad, y tenéis más obligación de perfeccionaros que ellas. Pero, si se presentase entre vosotras un espíritu enredador e idólatra que os dijese: "Tendríais que ser religiosas; eso sería mucho mejor", entonces, hermanas mías, La Compañía estaría en extremaunción... Pues quien dice religiosas quiere decir enclaustradas, y las Hijas de la Caridad tienen que ir por todas partes. - Sin esa traba jurídica, las Hijas de la Caridad crecieron por todos los rincones del mundo y han dado un impulso definitivo a la incorporación de la mujer en la misión eclesial apostólica. La Iglesia de los siglos XVII y XVIII no estaba madura para acoger esta novedad y ahogó y recondujo a la clausura cualquier conato de que la mujer saliera de los conventos para contribuir como religiosas en la misión apostólica de la Iglesia. De este modo, vivieron la oscilación y también la contradicción de ver cómo primero se aprobaban sus órdenes, para luego echarse atrás y volverlas relegar al claustro. Sin embargo, ¡gracias a Dios!, el agua se escapa por las grietas y el vino nuevo no solo no se estropea, sino que tiene la fuerza de romper los odres viejos. Tenemos que esperar al siglo XIX para asistir a esta explosión inusitada de vida.