20/7/17

No te inquietes por las dificultades de la vida, por sus altibajos ni por sus decepciones, por su porvenir más o menos sombrío. Quiere lo que Dios quiere. Piérdete confiado ciegamente en ese Dios que te quiere para sí. Piensa que estás en sus manos, tanto más fuertemente agarrado, cuanto más decaído y triste te encuentres. Vive feliz. Vive en paz. Que nada te altere. Que nada sea capaz de quitarte tu paz. Conserva siempre sobre tu rostro una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor continuamente te dirige. Por eso, cuando te sientas apesadumbrado, triste, adora y confía. (Teilhard de Chardin)


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