10/5/17

Contemplación - Miro tus manos, partiendo el pan, y veo al Dios que quiere que todo sea de todos. Miro tus ojos, húmedos cuando lloras por los amigos heridos, y veo al Dios que es infinita ternura. Miro tus oídos, atentos a los gritos de quien está al borde del camino, y veo un Dios infinito, al que llegan todas nuestras plegarias. Miro tus entrañas, estremecidas ante el dolor de los pequeños, y veo a un Dios que todo lo quiso bueno. Miro tus pies, manchados del polvo de todos los caminos, y veo a un Dios en movimiento. Te miro enseñando a las muchedumbres con palabras sencillas, y veo a un Dios que ofrece sentido para toda la vida. Te miro orando, y descubro que Dios es intimidad, y es relación. Te veo rodeado de gente a la que quieres, y veo a un Dios que es amor. (Rezandovoy)


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